domingo, 22 de febrero de 2009

Más verde que una pera...



Me lo ha dicho el ginecólogo el pasado miércoles. Así que aquí sigo en una expectante espera. Yo le dije que, al menos en mi cocina, las peras maduran de un día para otro. Me encuentro terriblemente agotada. El insomnio más absoluto se ha adueñado de mis noches. Ciertamente creo que he perdido la capacidad de dormir y es algo que me desespera...porque después no podré hacerlo con la paz que podría tener ahora. Pero mi subconsciente no entiende de razonamientos lógicos. Y lo he asumido sin rechistar. Mañana me haré otra monitorización, aunque no creo que me digan nada nuevo. Alba se mueve mucho todavía y eso parece indicar que, de momento, no ha decidido ponerse en marcha. Yo le digo, que no sería mala idea esperar al día 3, que para eso se establecen fechas probables, que sigue haciendo frío por aquí fuera, por lo que no debe fiarse de que haga solete. Además, estamos en Carnaval y hay demasiado ruido y jolgorio para venir a este mundo y su madre se ha portado tan bien durante todo el proceso que merece degustar el lacón con grelos y las filloas con total tranquilidad. ¿La convencerán mis argumentos? Por si acaso, lo tengo todo preparadito por si tengo que salir corriendo, bueno creo que este no es el verbo adecuado, mal me veo como tuviese que correr. Me refiero a los preparativos materiales, los mentales son tema a parte y mejor no los detallo de nuevo.

Ésta es la sinopsis de mis últimos días. Hoy domingo, me espera otra batalla de horas centrada en el descanso recomendado. Pero estoy bien, amigos, verde como una pera y aburrida como una ostra, pero bien. Al menos aprovecharé para ponerme al día con vuestros blogs...

lunes, 2 de febrero de 2009

Últimos cartuchos.




Quemando los últimos cartuchos. En esa situación me encuentro. Cuatro semanitas, plazo máximo estipulado para el día D. Y quién sabe si no se produce con anterioridad. Mi abdomen parece una termomix en contínuo funcionamiento. Y es fantástico, salvo cuando con sus maravillosas pataditas me deja sin respiración. Las noches son lo más duro. Ya no consigo dormir bien, lo que es normal, puesto que tan sólo me encuentro relativamente cómoda de lado y para eso cambiando de izquierda a derecha, y viceversa, cada poco. Pero lo que no consigo controlar es mi mente. La preocupación se hace más intensa cada día que pasa. Sé que todo va bien, pero no estaré tranquila hasta que lo pueda ver con mis propios ojos. Es más, creo que ya nunca más volveré a estar tranquila del todo. Temo no estar a la altura, temo no hacerlo bien. Y no me refiero al momento parto. Voy a traer a una personita a este mundo y debo enseñarle a caminar por un sendero en el que yo misma tropiezo una y mil veces. Harto complicado me parece esta tarea y toda una responsabilidad. Supongo que estas dudas existenciales las han sufrido en alguna ocasión las primíparas. Y han salido adelante. Entiendo que es aquí cuando entra en juego el llamado instinto maternal, que consigue que resuelvas los distintos problemillas que puedan surgir, cuando no sabrías cómo hacerlo. Me asusta también el darme cuenta de que ha cambiando mi modo de ver las cosas. He dejado de quererme incondicionalmente, por decirlo de algún modo. He establecido otras prioridades: mi hija y mi marido. Quizá no sea del todo malo, creo que me he desprendido de unos cuantos kilos de egoismo personal. Mi meta será conseguir que mis dos pilares se encuentren bien. Entonces yo también lo estaré. Ahora me doy cuenta que una gestación no necesita nueve meses para la formación del feto exclusivamente. Son muy necesarios para la preparación, a todos los niveles, de la futura madre y del futuro padre. Nunca he hablado de los sentimientos contradictorios de los futuros papis, supongo que no podría describirlos tan bien como los míos, pero también "sufren" lo suyo. Y casi nunca se lo reconocemos. También les invade el miedo y el desasosiego a raudales.

En fin, día a día, pasito a pasito, iremos sorteando obstáculos y solucionando enredos. Y seguro que también nos reiremos mucho, de las situaciones y de nosotros mismos.

Será un placer reir contigo, papi.